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David Maes, en Fundación CIEC



David Maes ( Ontario, Canadá, 1956) es un excelente grabador que muestra en la Fundación Ciec de Betanzos 17 grabados, realizados con las técnicas clásicas de la manera negra y la punta seca, cuyo dominio lo faculta para alcanzar extraordinarias calidades expresivas; en ellas prima la poética del trazo, de la incisión y de la mancha, lo que le permite ir más allá de la figuración, aunque se inspira fundamentalmente en el ser humano y, de modo muy especial en la mujer; pero tanto cuando representa a esta, como cuando hace su autorretrato o dibuja un ave o un puente, se siente latir la presencia de algo inasible, algo que es como un pálpito o como un latir de energías expansivas y ocultas, de modo que lo que vemos no es toda la realidad, sino sólo su símbolo o eidolon (como diría Platón).


Platón es, por cierto, su filósofo y como él aspira a la Belleza con mayúscula, sabiendo que la belleza es un peldaño hacia la Verdad y el Bien y que lo que vemos es sólo reflejo del Mundo de las Ideas. Hermosos son ciertamente los dulces cuerpos femeninos que él graba caminando interiorizados, como en búsqueda de algo trascendente, que está ahí fuera aguardando en el espacio, pero también en búsqueda de si mismos y de reconocer su papel en el plan cósmico. De la relación ser humano y cosmos habla el grabado La luna, donde el cuerpo femenino se curva como la diosa Nut, llevando sobre su espalda el plenilunio. Maes trabaja con matices lumínicos perfectamente modulados del blanco al negro, a través de una escala de grises, consiguiendo así contrastes de luz y sombras, con cierto aire goyesco. Y Goya, maestro de la luz, -al que pudo contemplar en la Galería Nacional de Ottawa en una muestra de 1975-, es su gran admiración.


El tiempo tiene también su protagonismo y eso se ve en la agitación del trazo que se dispara a veces en todas direcciones o apunta hacia una verticalidad ilimitada por medio de rayados rectos y nítidos; modélico es, en este sentido, el grabado “Camino con la belleza”, donde una joven se mueve por una especie de agrietado paisaje que recuerda un añoso mapa agujereado o un viejo pergamino comido por la polilla; el contraste entre esa dulce carne de formas suaves y lisas y el pinchoso lugar que la rodea transmite el sentimiento de los obstáculos que aparecen en el caminar por la vida. También abunda en esta idea de tránsito y de relación hombre-paisaje, The Bridge ( El puente), un largo sendero de hierro sobre el aire que lleva hacia un ambiguo pasadizo entre roca con forma de cabeza o viceversa. De lo que sostiene la existencia: tierra, agua, aire... y de lo que ansía el espíritu que echa a volar da fe la mirada sutil de David Maes.



Ánxeles Penas
El Ideal Gallego
26-06-16